Vínculos Íntimos entre Las Artes

CARLOS VALDES HERNÁNDEZ


Antonio Pacheco Zarate

"Carlos Valdez autor de Epitafio, mares rutinarios e insomnio, delirio y otros males es un artista plástico, ilustrador y escultor originario de Guadalajara, Jalisco.


A lo largo de sus 22 años se ha desarrollado en el ámbito artístico, Dedicándose principalmente a la ilustración de obra con una propuesta surrealista, onírica y oscura mezclando elementos del mundo de la novela gráfica con simbolismos poéticos, metáforas y analogías mitológicas y teológicas






Obra plástica y literaria


El Intruso

 


Suelo cruzarme con mi alma de camino a mi dormitorio.

Algún día he de saber qué me impide confrontarla

y liquidar sus desmanes.

Por la noche, arrastra muebles como quien busca algo

Revuelve incansablemente recónditos ataúdes.

Me mantiene insomne e impide mi crisis de quimeras.

Por si fuera poco, invita a mis muertos, los repudiados.

Desconocidos

Olvidados

A terminarse mis provisiones de cafeína y tierra seca.

En la cama, urdo una vez más mi demorada venganza.

A mi lado, un lúgubre retrato duerme plácidamente,

y desde su nica un pequeño rostro emerge y murmura;

me busca conversación hasta que amanece.




Narciso


Es muy probable que Narciso ni siquiera hubiese sido bello,

quizás era solitario.

Hay un espejo en el piso de mi baño, casi como un charco,

cada vez que lo veo recuerdo que a un pez

le basta un simple espejo para reconfortarse.

Su pequeña mente encuentra sosiego en la ilusión de un igual.

A veces, yo también me entrego a ese deseo,

y me explayo en observar al pez del otro lado.

Hasta que aquel homúnculo,

doppelgänger abusivo se hace presente.

Exiliado de la profundidad

Del lodo

De la espesura

Me mira a su vez.

Entonces huyo a la calle

y me amparo en el turbio reflejo

de la mirada de los extraños.




El Confuso Mirar de Este Mundo


Alguien robó mis ojos mientras dormía; Otra vez.

                                        Me dejó a cambio estos

confusos y perturbados pedruscos.

                                        Intento tomarlo con calma,

en el fondo soy consciente de que en un par de días

o tras un momento entre la tarde

                                         y la noche regresarán.

Más de una vez al recobrarlos

                                          he examinado en ellos un rastro,

una pista de su viaje lejos de mi.

Pero pronto la noche se sobrepone a toda intriga.

En cambio, suelo vislumbrar

                                       en sus estériles sustitutos el roce frio

y húmedo de mis dedos

Sucias calles que recorro en sueños,

A la espera de la esperanza: No han de capturar el día.

¿Qué cómo sé que son míos los ojos bellos

y no los tristes, si la belleza es solo un alivio

que da por turnos, una deidad cruel y anónima?

Muy simple.

Estas rocas que de vez en vez me ciegan ante lo bello,

de tan grises no pueden ser mias,

deben pertenecer quizás

a…




Caín y Abel



En el silencio dominical

las primeras gotas rugieron como un batallón del cielo.

y enseguida vi a mis vecinos retorcerse

bajo las gotas de oro ardiente.

Mi techo crujió durante toda la noche.

Entre llantos y plegarias,

bajo el peso del oro que se enfriaba lentamente por las azoteas.

Como si no cesara el clamor de los cielos.

Temprano con la mañana, comenzaron los sacrificios.

Las madres arrojaron a sus hijos por las ventanas.

Los maridos a sus amantes.

Y los curas a un rosario de niños que nadie sabía que resguardaban.

Pero, aun así, la lluvia no se detuvo

Tampoco llegó el perdón ni la condena.

Se presentaron dos forasteros a la plaza del pueblo;

el primero era Abel, que extrajo de entre las pilas de los muertos,

toneladas de huesos dorados y tendones secos.

Y después de una fábrica de cables,

pasó a fundar una próspera planta energética

que iluminó la devastación para agrado del cielo.

Cain, en cambio recorrió las calles

envuelto en la piel de su legendaria ofrenda.

Ofrendando esta vez de casa en casa

su vergüenza, pero no como consuelo,

sino para que cuando llegara el verdugo

no nos faltaran pecados que escupirle a la cara

close lightbox