NIEVES GONZÁLEZ SORIANO
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Nieves González Soriano (Rancho Castillo, Agencia municipal de Huajuapan de León, Oaxaca, 1947-), maestra de primaria en la escuela que fundó hace 38 años, sus estudios comprenden la Licenciatura en estudios de Normal Primaria, la Licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica, la Maestría en Inteligencia Espiritual, el Doctorado en Educación Holista y el Posdoctorado en Psicología Tercera Generación.
Quiero creer que he respondido a las iniciativas que se han presentado en mi vida desde niña, siempre con una necesidad de encontrarme con cosas naturales y extrañas, que no estaban dentro de mi casa y de mi familia, sino que las encontraba fuera, debajo de la tierra, sintiendo que había tesoros extraños que podía encontrar.
Siento que he sido muy sensible para recibir lo que llega. Por ejemplo, un día las religiosas del colegio donde estudiaba le dijeron a mi mamá: “llévate a tu hija porque no bordó la colcha y está castigada”; no lloré, sino que de forma callada lo acepté en el fondo de mí con alegría, y al poco tiempo un señor le dice a mi papá, a quien consideraban el Tani’ shani del rancho (papá grande) porque, aunque no sabía leer ni escribir, era un hombre muy respetado, por honrado y su don de palabra: “Cosmelito, ¿le dejas a tu hija que venga a trabajar como maestra en el rancho?”, y mi papá me dice “¿quieres trabajar como maestra?”, le dije que sí. Yo no sabía de responsabilidades, solo sabía jugar con los niños y las niñas; yo misma era una niña mayor de 13 años que disfrutó su niñez porque jugué con ellos, íbamos al monte a traer flores, y hacíamos cosas que deben hacer niñas y niños.
Hoy que ya soy mayor volteo a ver esa etapa y siento gratitud y alegría, y pienso que he recibido mucho bienestar en ese encuentro y contacto con esas personas pequeñas, que son tan vulnerables, joyas del ser humano tan necesitadas de atención, de gente muy profesional, de gente muy experimentada, de gente muy paciente, de gente muy generosa, y a mí honestamente me cuesta todavía tanto, que cuando regreso a casa me quedo en la tarde insatisfecha, me quedo con cierto sabor de faltó dulzura de mi parte, faltó compasión, ese respeto, ese escuchar a niños que se acercan y te dicen cosas tan personales, tan dolorosas que están viviendo, los abrazo y les digo: “bueno, luego lo platicamos”.
La Secretaría de Educación Pública de hace 60 años y la actual piden hechos, calificaciones, no se dan cuenta de los intereses y necesidades de los niños, y yo llego en las tardes haciendo mentalmente un recorrido de la mañana; no creo que sea pesimista, pero me siento insatisfecha, porque hay padres de familia que empiezan a comparar “mi niño ya sabe multiplicar”, y no hay ese cuidado y respeto al proceso que lleva cada niño, ese niño tiene su propio proceso y será diferente al del resto de compañeros y de sus propios hermanos.
Sí me interesa saber que entendieron caligrafía, cálculos matemáticos, pero pienso más en lo que me dicen los niños, como hoy en que una niña me dijo que cuando está en el salón siente que está afuera: “estoy tratando de estar atenta, pero siento que estoy en el patio”, se lo contó a su papá y su papá le dijo que me lo contara, y ese es un paquete muy especial.
Las niñas, los niños antes de aprender matemáticas o historia, viven en sus hogares la ausencia de madre y padre o separación de uno de los dos. El niño añora el regreso regularmente del padre. Mientras su angustia la manifiesta como una bola de fuego: va por todos lados en el salón, rompe, tira, quita, su ansiedad es ilimitada. Tampoco alcanza a comprender que su madre es tan joven y con necesidad de amar y adquiere otra pareja. Comprender y asumir esta parte de su historia sería un proceso de intervención del padre ausente, de la madre y de la educadora para que el niño o la niña escuche de sus padres que su amor estará con él o con ella, aunque ya no vivan juntos.
Así, cada niño, cada niña está con su propia historia. Si la maestra quiere educar tendrá que cambiar su dinámica o sólo marginará a quien no corresponde a su enseñanza, sólo hará reportes y pondrá calificaciones reprobatorias.
No hay acción que no tenga consecuencia social. Es difícil explicar a padres y directivos que cada niño tiene una problemática especial, y que es necesario entregarnos todos, de esto se trata el holismo, no se trata de que el niño resuelva su problema de manera aislada, o enfocarse solo en que “mi hijo saque 10”, ¿cómo lograr con los padres de familia esa integración para lograr una sociedad más humana? Lo que sucede en el salón no debería ser ajeno a los padres y madres de familia. No podemos pensar de manera aislada. Es una lucha interna y es complicado.
Sin embargo, creo que para esto nací, me gusta haber venido a la Tierra para esto. Nací para estar con niños, para acompañarlos, me han enseñado, nos hemos enseñado. Este año sigo trabajando al igual que el anterior, y pienso trabajar mientras no sea un obstáculo para padres, maestros y alumnos.
He desarrollado una técnica de escribir, sin analizar, sino desde el alma: los niños empiezan escribiendo “hoy me siento…”, sin racionalizar, sino externando desde el subconsciente, y escucho cosas tan extrañas y tan bellas, una actividad que me gusta mucho porque mi nacimiento, mi estancia, mi venida a la Tierra no es solo enseñar matemáticas o ciencias, sino que es ir más allá, como meterme lo más que pueda a su ser para ayudarlos a ser felices, porque los niños de esta época son diferentes. Yo soy una niña del 47, y a los niños que han pasado por la escuela, que fundé hace 38 años, los he tratado de acompañar en ese camino que es la niñez, esa transparencia, hermosa ingenuidad, esa inocencia con la que dicen las cosas, como un niño de 4 años que me dijo un día en un campamento: “¿sabes que ya tengo novia?”, u otra niña se acerca y me dice: “ayer me pegó mi papá”. Cosas a las que es muy sano estar abiertos, porque la maestra no es quien enseña las ciencias solamente, los niños están en una etapa tan hermosa, interesante y definitiva que no podemos estar solamente ocupados en que sepan las ciencias. Este sistema que lleva más de 300 años no funciona, es difícil y es un reto. Pero hay que buscar, no podemos estancarnos.
No es casual que haya nacido al pie del cerro Yucunitzá. Nací en Rancho Castillo el 5 de agosto de 1947. Tengo un ánimo que no se ha acabado. Hay un fuego dentro de mí y ahí voy.
