RAQUEL OLVERA
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Nacida en México, DF. (1966).
Realiza sus estudios básicos en Chignahuapan, pasando después por el Instituto de Artes Visuales y en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad de Veracruz en Xalapa de 1984 a 1988, Estudia la especialidad en Grabado en la Escuela Nacional De Pintura, Escultura Y Grabado “La Esmeralda” INBA y del 2009 al 2011, la Maestría en Artes Plásticas UNARTE, Universidad de Arte, Puebla.
En 1988 recibe la Beca A Jóvenes Creadores del FONCA en la disciplina de poesía. Y en 2005 el Premio Artes Por Todas Partes Secretaria de Cultura para poesía. Ha tenido exposiciones individuales y colectivas y presentaciones de sus libros en México y en el extranjero.
Ha sido promotora cultural independiente de 1991 a 2007, años en los que realizó eventos literarios y de artes plásticos en México y en el extranjero. Y colaboró en el IMACP (Instituto Municipal de Arte y Cultura) como directora técnica. Actualmente es preceptora literaria en la Dirección General de CONALEP Estado de Puebla y dirige el programa Pececitos de Plata del que es autora apoyada por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla a través de su Dirección de Literatura en 8 bibliotecas del Sistema Estatal de Bibliotecas también del Estado de Puebla. Asesora de Impronta.
Libros publicados:
Al Filo Del Azar. Poesía y dibujos. Editorial Tábano. Colección con mis manos. (1996)
Segunda Edición de Al Filo del azar. Misma editorial (1998)
En Boca De Otro. Editorial Xilote. Plaquette. Colección Messidor (1996)
Transitorio (Plaquette), Editorial Tábano, Colección De Facto (2000)
Fundió La Nieve El Sol, Editorial El Hacedor, Publicación de Zonalta (2000)
Cuatrocientas Mentiras, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Colección Letras Poblanas (2001)
Concierto Para Cinco Sentidos, libro escrito con El Apoyo Del FONCA. (Programa de becas a jóvenes creadores. 98-99).
Endiku Editores, Ediciones Del lirio, Colección La Otra Orilla (2002)
La Mordedura. Editorial Tábano. Colección Con Mis Manos (2004)
El Noveno Río. Colectivo Poético Cardo. CEPGV (2006)
Es fundadora del Colectivo Poético Cardo y de la Editorial Cardo. La música de no entender (poesía) Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla y Letritas del Changarrito. La Inmaculada (Novela), editorial Letritas del Changarrito.
Dirigió el programa de radio Destino de Aire trasmitido por la Universidad Autónoma de Chapingo del 2005 al 2007 y ha sido colaboradora de los periódicos: La Jornada, El Financiero, Cambio y Síntesis.

Titulo (fecha)
Descripción de la obra.
Nada diferente me hubiera sucedido si Raquel Olvera no se asoma desde la ventana. El camión se marchaba llevando de regreso a la ciudad de México a las asistentes al VII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, aquella mañana de noviembre del año 1999.
Parece mentira que el año anterior, que tuvo como sede a San Marcos Arteaga en la Mixteca Oaxaqueña, las participantes fueran sólo cien mujeres y no destacara para mi en ese momento, de entre ellas la figura de Raquel. Estaba convaleciente y tal vez por eso se mantuvo alejada del resto del grupo y tuvo tiempo (dice ella) para observarme siempre rodeada de otras poetas. No puedo negarlo, en realidad tuve esa fortuna, pero esa Diosa siempre caprichosa, me reservaba para el siguiente Encuentro ese regalo.
En aquel VII Encuentro, el primero que se clausuró en Oaxaca, tuve la oportunidad de leer tres de mis trabajos en el foro del Centro Cultural Santo Domingo, y Raquel los escuchó. Descubrió entre la paja, el germen de mi poesía. Decidió rescatarlo y laborar en la tierra que ella supuso fértil, eso fue lo que me dijo, y por eso se asomó a la ventana del camión y la transformó para mí en una puerta jamás imaginada.
"No dejes de escribir" me dijo y lo repitió dos veces. A continuación me preguntó: “¿Cómo puedo tener tus cosas? Me gustaría leerlas”. Por favor dame también tus datos.
Sus apremiantes palabras sonaron a música en mis oídos. Atendiéndolas, logré pasarle mi dirección y teléfono por la que en ese momento dejó de ser ventana, justo a tiempo, antes que el camión arrancara y alcancé a decirle: Marianela Tortós de Costa Rica lleva uno de mis libros, por favor léelo la urgí y agregué tratando de corresponderle y mantener la compostura al mismo tiempo: Gracias pero no pude evitar que la vista se me nublara en gratitud.
Nunca imaginé que la poeta que es Raquel se tomara la molestia de cambiarse de lugar para sentarse al lado de Marianela y menos que ocupara las horas del viaje leyendo de un tirón todo el libro. Días después se puso en contacto conmigo para preguntarme si tenía escrito algo más y pedirme que se lo enviara. Al saber que tenía tres libros en mi haber, me anunció que cuándo hubiera terminado de leer todo me hablaría. Con la mayor premura, le hice llegar los otros libros impresos en mi computadora, sin tallerear por supuesto "en aquél tiempo ni siquiera sabía que era necesario realizar ese trabajo" pero eso si, muy bien presentados en pasta dura.
Pasó un tiempo relativamente corto, si consideramos el volumen de lo que tuvo que leer y soportar Raquel y un buen día me llamó para "asómbrense" preguntar que si yo tenía tiempo, para que viniera a trabajarlos conmigo, porque ella estaba dispuesta.
¡Por supuesto que yo tenía tiempo! Y ella como lo dijo, lo cumplió. Ignoró la magia y exigente llamado de Oaxaca y se dedicó por entero a su noble tarea:
Llegó cargando no sólo libros de poesía, también fotostáticas sacadas a su costo, de libros imposibles de conseguir y antes de sumergirnos en toda la extensión de la palabra en el quehacer poético que ella ya tenía ordenado en su mente, me pidió que le mostrara un poema impreso, de un autor que a mi me agradara. Con todo el respeto que me merece la autora a quien admiro profundamente y cuyo poema hasta la fecha adoro, Raquel me mostró de manera gráfica, cómo en una obra impresa y editada, que ha abandonado las manos de su autor para ser de quien lo lee, todavía quedan palabras que pueden ser cambiadas en su orden o matiz para que resplandezca aún más la belleza del poema.
Primero me pidió permiso de marcar mi libro y se lo di con reticencias, ¡Qué sabía yo del valor de hacer anotaciones! Y lo hizo. Después me explicó sus marcas y finalmente lo leí para ella dos, tres, cuatro veces, para que hiciera mías sus anotaciones y recuperará el hermoso ritmo del poema con los cambios por ella incorporados.
Hacer esto lo consideró Raquel indispensable, antes que ella, por su delicadeza, pudiera abrir ante mí, las páginas de mis libros y me dejara ver todas las tachas que había colocado en ellos. Mi libro parecía en verdad un camposanto.
La suavidad con la que trató a mi niña interior, me hizo estallar en francas carcajadas ante el desastre que sólo después de haber leído el poema impreso, me mostró.
Me hizo leer mis pensamientos (así se llamaba el primer libro) ahora transformados en poemas, a los cuáles no les cambió palabras, sólo invirtió su orden en muchos casos. Tengo esa anticuada tendencia a la hipérbole y en otros eliminó líneas enteras; redujo los libros a un tercio o tal vez más, yo hasta ese tamaño me atrevo a confesarlo. Nunca había visto hacer a un alquimista, fue como si ella percibiera mi transparencia y fragilidad y estuviera dispuesta a transformarme de vidrio en cristal.
Una vez que me había dejado cautiva de la transmutación que realizó, mientras yo me decía en mente: tengo libro. Tengo libro. Ella tomó los corregidos, los cerró, los guardo en su bolsa y me dijo: Estos libros son míos, no hagas caso de mis correcciones, ahora toma los tuyos y trabájalos, harás sólo las correcciones que tú quieras hacer. Nadie debe imponerte su criterio. Mi primera tarea como tú mentora, es lograr que tú sigas siendo tú, la que ya eres, no te convertiré en una copia de mi. También eso me enseñó a mi Doña Lolita" se refería ella a Doña Dolores Castro Varela.
No conozco la historia de cómo llegaron los demás a Cardo su taller, pero puedo suponerla. Yo nací a la poesía al lado de Raquel y junto con el Taller. ¿Creen ustedes que pudiera existir poder humano que impidiera que me quedara?
Índice, Pulgar, Meñique, Medio y Anular,
desde las cuerdas tensas
deambulan sobre el contorno del abismo sin detenerse.
En vértigo se desplazan las impresiones
de lo exacto
(diamantes inmateriales)
El contorno del abismo es redondo
y nada de lo que suceda en su vecindad
le es ajeno.
Le es.
Gentil acorde cristal.
En la injustificada belleza de lo efímero
la dulce profundidad lastima;
vislumbre de un más allá
fundado en las Ciencias
del Abandono.
Después del sonido,
el aire que desplaza
—A mi maestra de poesía—
Sigue la muerte tirándole a mis astros
como a esas figuras de plomo en el tiro al blanco de la feria.
Veo cómo desaparecen sus luces en la oscuridad.
Eärendil, tú que guiabas a los marineros en la vastedad oceánica,
cuando te fuiste la luna era un ying yang.
Eärendil, sembraste la poesía en mis ojos.
Tu voz me llevó de la mano por el jardín de los senderos que se bifurcan.
Tu voz dio forma a mi voz.
Ya viene tu rostro sonriendo tras las buganvilias del balcón
a sabiendas que esperabas mi llegada.
Ya vienen las horas sin tiempo que pasamos descifrando el conjuro,
el acto de ver con otros ojos lo que quiere ser dicho más allá de la palabra.
La muerte arrancó tu árbol de mi pecho.
Ya el viento helado silba por el hueco del silencio.
Tu muerte me agota, extiende su sombra en la banca del parque.
Nace un dolor mudo que pone al mundo serio.
Punza el hígado,
me deja inerme y de rodillas ante la vastedad.
Llega en avalancha la melancolía de tu mirada, tu cansancio,
tu lento hundimiento.
Cómo hubiera querido verte victoriosa ante la depresión,
salvarte de la calcificación,
detener la sombra lepra interna antes de enroscar tus manos,
salvar tu cuerpo invadido por el tacto de la muerte,
ser el espacio para sostener tu último aliento, poeta.
Quiero acompañarte en tu transcurrir bajo el agua de la muerte,
protegerte de los despliegues inconcebibles
de luces y deidades de tu propia mente,
de los truenos cósmicos de tus propias voces.
Acompañarte a la otra orilla.
Recordarte: tú eres la paz del espacio
la esencia del silencio.
Todo está bien, solo fue un sueño.
Raquel,
María Raquel, posada con tu vestido empapado sobre la roca
de aquel río.
Raquel recitando la palabra ciruela
con tus labios ciruela.
Raquel puente mágico entre los ojos y la palabra.
María Raquel incomprendida,
rechazada, ignorada por tu propia tribu.
Qué querida fuiste y admirada, Eärendil.
Los hijos que no tuviste
germinaron bajo tu luz y calor propios.
Tu herencia refulge en el espíritu
de tus alumnos locos, niños y poetas.
Te amo siempre.
Nadieco
Raquel me parió
entre letras suaves
como lecho.
Raquel llegó
a mi vida para ser
mi madre de ritmo.
Raquel sonreía fuerte
y sus labios se pintaban
de color púrpura
al beber vino.
Raquel era mi madre,
Raquel era mi hija.
Raquel nunca fue de este mundo
pertenecía a las flores
al viento en la cara
de la Inmaculada concepción.
Raquel regresó
al polen-madre
de donde viene la poesía.
quizá un día de éstos
quizá un siempre
una línea de vino
una tiara de laureles.
-lumbre , tu alumna hija-
no me estoy despidiendo Raquel
solo te digo que nos vemos allá
Raquel Olvera
Emerges del volcán
baña tu fuego sus faldas
dibuja el rayo tu cadera
cortinas de humo
velan el pubis.
Insinúan la fecundidad
de tu neuronal vientre.
En vano intento
elevas la mano
para liberar la genialidad oculta.
Años antes del suceso cristalizó
el instante
Cuál nos pariste
de haber podido
¿Que nos habrías legado Raquel?
¿Que oscuridades vencido
para entregarnos luz?
Desde la profundidad
ruge tu voz
embravecida
Penetra el caracol
de innúmeros oídos
Irrumpe y rasga la contención
emerge intacto el silencio.
Hemos de interpretarlo
Cada cual a su manera
Es la libertad que nos diste
No marcos
No moldes
No medidas
No límites
No los tuviste tú
No los impones
Es esa la razon
En cada uno pervives
* La fotografía a que hace referencia éste poema, fue tomada por Sergio Tapiro Fotografía / Photography, y es titulada "El poder de la naturaleza", en donde se retrata de manera magistral el #VolcánDeColima, una erupción y un rayo, demostrando que la naturaleza puede ser mágica cuando todo se combina en un segundo.
Rosa Mística
Pálida por tanta luz que lleva adentro.
Al tiempo que se quema
le da vida a la tierra y a los mortales.
Adentro aúlla: Es una rosa mística.
Cada vez que emerge de lo ignoto
hace cantar el esqueleto de los sistemas estelares,
decora el aire con su aroma de nardos
mientras camina por las veredas
de una melodía simple y luminosa,
hojuelas de cristal lloviznan tercamente.
Conduce su ocaso en ríos de lava:
venas donde infinitos seres nadarán.
Ese Hilo
Habitamos la esfera:
el diámetro crece en todas direcciones.
El puntal de lo que sobrevive sostiene la tarde;
las próximas estrellas con el canto de sus élitros cintilan.
En forma cóncava o convexa el futuro,
el pretérito, el presente.
Todas las dimensiones,
todos los vértigos,
todos los movimientos.
Y una sola quietud:
El lugar donde reposa la mirada.
Sobrevivencia
Para que hilen viento las ramas de los árboles
y tejan hojas su canto
he borrado del lenguaje las interrogaciones.
Nadie en esta cima ha de lastimarse.
Mi sangre es más hermosa que el granate y el rubí,
más hermosa que el agua del mar.
Más hermosa que el silencio absoluto.
Aprendizaje
Camina sobre brasas.
Medra en ese eterno repetirse frágil.
Por los intersticios de lo mineral y de lo vegetal
se trepa carne.
Pulgar opuesto. Vertical, horizontal, oblicuo.
Obsesionado por la ubicuidad
fabrica alas metálicas, ballenas de hierro,
molinos de viento; columnas negras
horadando el vientre blanco de las nubes blancas.
Colma su mirada de paredes sobrepuestas:
la de una casa/ la de una oficina/ la del súper/ la del cementerio.
En un principio su cuerpo era real.
Después, el tiempo se metió en sus huesos.
Sólo quedó la posibilidad de traspasar la puerta,
de ir más allá.
Temblando el corazón colocó el pie en el paso
y fue la huella su lugar, su sitio en el estante:
Veterano en la isla.
Sobre el carbón llevado al rojo recuerda las durezas
que gracias al camino, le fue creciendo al pie.
Leve-edad (a Sabina)
En su dedo meñique el silencio sostiene a los planetas
y ese no ser se expande en la dulzura de un rostro.
Del sol queda muy poco en un hilillo de agua.
Sonríe la luz, otra vez, siempre sonríe.
Reencarnación
Todo está aquí, en el mismo recinto:
el árbol que trina, la gallina que bebe,
el aguijón que se hunde en la piel del caballo.
Y un lento transcurrir en círculo...
Todo tiende a emerger;
lo que se hunde en su abismo
regresará.
Serenidad
Caminé con mis zapatos de ladrillo
toda la mañana.
Al caminar se oye lo que hay afuera
y lo que hay adentro.
Algunas veces es más posible
yacer sobre los pasos, verticalmente.
En posición horizontal ninguna ruta lleva al viento.
El sonido de los tacones sobre la acera
es un camino cierto
hacia la más completa serenidad.
Tac, toc ; tac, toc ;
toc, toc, toc ; tac.
En mis zapatos vivo:
son mi casa.
Acierto
Si el arco del violín da con su flecha al corazón
lo vuelve brisa.
La dulcedumbre invade cada gota.
Del claustro se levantan liberadas,
un puño de libélulas azules.
Ser y Estar
Todos dicen que es noviembre, yo no sé.
Los árboles, están callados.
No hay viento en sus alas dormidas.
Bajo el estuco cantan los ladrillos.
Las baldosas, están.
Transita sobre sus pasos el perro
y las hojas del abeto, son.
Y en esta plenitud del alma,
en medio de lo que es,
soy.
Seres Que No Se Permiten Morir
La palabra Fuego quema su boca.
Cada yema en los dedos es una llama y los llama
desde lo incierto.
Se oyen chasquidos de almas en combustión:
el incendio crece y decrece:
sólo puede alumbrar lo que se quema.
Cuerpo Extenso
Corre por sus venas un torrente de arena;
soles trizados rasguñan vasos y arterias.
Cardos arrastrados por la tormenta, soles secos.
Una aguja redonda atraviesa el crepúsculo.
¿Cuánta sal densa los mares?
Línea límite: el cuerpo.
Música Silenciosa
¿Era el centro del sol y no era fuego?
¿Era líquida luz y no quemaba?
¡Era la música callada
¡Juan de la Cruz!
La música sin eco, la muda música,
la música sin música,
sin ruido, sin olor, sin tacto.
Materia Prima
Los violines tienen en sus entrañas,
tormentas adelgazadas
hasta el suspiro
Iluminación
En la Cueva del Tesoro no hay manos para tocar,
ni nariz para oler, ni piernas para andar;
sólo quedan los ojos
y aun si fuera uno,
bastaría para ver.
Dulce posibilidad de no ser…
Ábrete.
Deja que al caminar sobre tu entraña
regrese con el corazón domesticado.
Todo lo Inútil
Un Pájaro.
Desnudo corazón del cielo …un pájaro.
Todos sabemos lo que no sucedió:
no se detuvo el péndulo.
Todo lo inútil, bello. Todo lo inútil, leve.
La llave sin cajón.
El abrigo en verano.
Sin qué decir la música, el dibujo, el sonido.
Sin qué decir un arma inútil es bella,
bella como la boca que no hablará.
Navegación
Navegar adherido al cristal de la mirada.
Desde una inmensidad sin nombre,
ver saltar a los patos
de la desidia al musgo.
Navegar en una barca sola
y el velamen atroz
cortando por mitad
la rosa de los vientos.
Navegar hasta
“Nunca estarás en la certeza”
y ver más lejos
Renacer
Ábrete abismo.
En tu oscuro seno, recíbeme.
El nudo que soy, déjame ser.
Contraída hasta la última partícula,
ahí en la soledad de no vivir,
permíteme la asfixia.
Afasia
Me guía una voz;
viene de antiguas dimensiones
antes de la palabra.
Es una vibración que se sostiene
y quiere ser escuchada
pero no quiere ser pronunciada.
Meditación
Tiene materia de primera, carne sana
y en todo está calculado para cargar:
y aunque es muy grande el cuerpo (una maravilla)
con cada pensamiento el alma pesa más.
Las corvas se pandean, las rodillas se doblan,
salta la sexta cervical
y por instantes largos las estructuras tiemblan.
Para que no se rompa el cuerpo,
ni un pensamiento más.
Río Adentro
La vibración, justo la vibración
cuando la flor se hizo lluvia.
¿es mi sangre?
Qué limpio
qué fresco este río redondo
este río.
Nirvana
En el corazón de la mañana se acurrucó un silencio.
Un conejo mordisquea hierba
y el silencio rueda por el monte, se detiene.
Sorprende a libélulas y pájaros
a la vuelta del árbol en que beben.
En medio del silencio,
mi silencio.
¿Qué Miran?
¿Qué miran los ojos del corazón?
¿Qué miran mirándome?
Una semilla que se expande.
Una flor de loto.
Un colibrí con el pico hundido
En los abismos de la dulzura.
Un camino hacia la certeza.
La orquídea de lo inefable.
Una Herramienta.
La luz de una tierna mañana.
Un formulario.
Una espada hundiéndose
en las carnes de un guerrero.
Dios contemplando a Dios.
Un niño que cacha su pelota.
Un espejo.
Una niña que vuela en el columpio.
Una piedra transparente.
Una mujer profundamente amada.
El epitafio. La música en la garganta.
Un lago y su tranquilo oleaje.
¿Qué miran los ojos del corazón?
¿Qué miran mirándome?
Los ojos del corazón
son una brújula en la tormenta.
Movimiento Estático
En las arterias deambulan universos;
cada uno gira y su cadencia
en perfecta armonía
cohabita el movimiento estático.
Mi pequeñez confiere fuerza a lo inmenso.
Mi pequeñez inflama lo divino.
Infinitesimal peso de la materia,
el alma, dentro del cuerpo,
clama inmortalidad.
El Sitio
Lleno mi pecho de infinito, respiro.
Una melodía sostiene al movimiento
en la quietud.
Más leve que la palabra leve,
más menos que menos
Todo es redondo: uno.
…y la materia pesa
La pequeñez de mi entendimiento
no me impide ver:
El punto más alejado de la vida
no es la muerte.
Caminata con Perita Ríos
Las flores de la luz se extienden al más allá.
Poderosa la tierra nos sostiene los pasos
y a puro salto un perro corre tras otro perro
que busca seres ocultos.
Bronceándose al sol está la piedra labrada de lagartijas
y el alma sube con el agua sutil que escala cielo arriba.
Muy lejos la ciudad es un recuerdo.
Y aquí nosotras somos, y estamos,
briznas de hierba coronadas de sol
que tiemblan con el viento.
Reojo
Lo opalescente, lo etéreo,
Lo sin embargo súbito,
lo múltiple.
Límite del periplo de lo sin límite,
eco del eco:
el reojo.
Viento incrustado de oro y obsidiana.
Abolición: Quise decir la cauda;
no lo que no,
sino lo ubicuo en el estanque oscuro,
lo sutil en el fondo de las aguas;
lo difícil.
Teotihuacan
Entre flores de lava se levanta
y sostiene el imperio extendido;
sobre montañas del tamaño de sus deidades
bordan los cuatro rumbos
desde donde germina el sol hasta el ocaso.
Las lluvias delinearon en los muros,
órbitas vivas, caminos escalonados.
De su monumental catástrofe nació nuestra leyenda.
¿Con qué está edificado el universo?:
Venir, dejar un gran cadáver, y luego irse.
Tal vez Mañana
Ni una palabra cruza el umbral.
Los objetos del universo no tienen nombre,
o no los oigo,
o no los puedo pronunciar.
Quién sabe cuándo se gestó esta sordera.
Es como si entre el mundo y yo (la vida y yo)
hubiera una querella.
O peor aún: un silencio glacial.
Como cuando entre los amantes
surge una distancia ciega.
Tal vez me salgan poros en los poros
para sorber la vida de otra manera.
Todavía me asombra lo que hay afuera
(lo que hay adentro no).
Pero tal vez mañana muy temprano
pueda escuchar mis propios pasos.
Sé, Lo Sé:
Vendrán las palabras
(mansos corderos),
a comer pasto recién nacido
de mis huesos.
Una por una, vendrán
a alimentarse de mi silencio.
A Llano Abierto
Si me quedo quieta aquí
sin que el viento más leve
haga temblar el martillo en mi oído.
Si logro apagar este incendio
con una lentitud sostenida
en el revés del tiempo.
Si las nubes mantienen su dibujo
y el sol se detiene en el centro.
Y si la hoja, (todas las hojas, cada hoja)
de los encinos, (de todos los encinos)
se vuelve transparente.
Tal Vez Mañana
