
A manera de Prólogo te cuento el por qué celebramos en noviembre nuestro Encuentro
Oaxaca, la de la recia urdimbre de tradiciones, al concluir los tres primeros días de noviembre, cierra la puerta de sus panteones. Despide a sus visitantes y conserva el recuerdo de sus ojos deslumbrados. Les mira abandonar calles y callejones, y porque así debe ser, retira los adornos que languidecen en sus fachadas.
Se encierra mística, sacerdotisa, curandera y chamán para alimentarse de sí misma. Aún le restan días de reflexión en solitario para preparar el ritual al que estás invitado en este Encuentro. El novenario se cumple el día nueve de noviembre. Las olvidadas para otros —las Ánimas— no lo están para Oaxaca, que sabe que la misión que tenían en la tierra no concluyó. Velan porque continúe. Por eso nos convoca a hacer por ellas.
Su Misión no admite el descanso. Somos sus manos en el ahora. El cumplimiento de esta Misión, lo retoma Vínculos Íntimos en estos días de Encuentro entre las Artes y desde ya cuenta contigo.
Para aceptarlo, estamos aquí. No es sólo el jolgorio el que nos trae. Se requiere la introspección. Rostros que protejan y muestren sus emociones detrás de sombreros y rebozos de bolita, manejados al son, del indiano caracol, un abanico, de jaranas y acaso de rítmicas castañuelas.
Las velas y veladoras, desnudas de las delicias de los días pasados, se ofrendan ahora voluntarias. Su luz danzarina, salmodia el apretón de manos que se estrechan para sellar el pacto. Y los ojos, también místicos, recorren páginas de libros y se posan fascinados sobre las imágenes, como si fueran devocionales cuentas de rosario.
Como ha sido siempre, el Oaxaca profundo marida tradición con quien se deja tocar por ella. Rezanderas —y hasta lloronas— entreveran cánticos y oficios. Ya no verás los cempazuchitl, y sin embargo flota en el aire su perfume. Sabemos que su aroma señala el camino del retorno a nuestros muertos. Muertos a cuya presencia no tememos. La invocamos. Vienen a confiarnos su grandeza. Nos arman caballeros para sostener en alto sus estandartes.
Muertos que, en estos días de encuentro con nosotros, se regocijan y danzan. Es por esas Ánimas, a las que homenajeamos, que el pueblo palpitante acompaña y se reúne. En cada población que visitemos, por remota que sea, celebraremos todos la liturgia, reproduciremos el rito. Lo estaremos cumplimentando.
Mientras Oaxaca no olvide, agradezca, convoque, se reúna y celebre en comunión. Mientras su alma mística y sensible, mítica también se muestre y se transforme en arte, el río seguirá corriendo; su sangre viva estará.